Ser verdadero en un mundo viral


Las redes sociales son hoy en día, parte esencial de nuestras vidas. Por más que nos resistimos a aceptarlo, son la forma en la que una gran mayoría nos comunicamos, nos expresamos y buscamos refugio para muchos vacíos, carencias y necesidades. Inclusive aquellos con un gran trabajo espiritual y de consciencia terminan en algún momento tentados al gozo de la fama y al disfrute de la aprobación (el placer por detrás de "seguidores", "likes" y "comentarios").


A través de los años he pasado por etapas distintas en las cuales mi relacionamiento con las redes sociales ha variado consistentemente. Una de las decisiones que más difícil me ha sido sostener es rechazar cada propuesta u oferta de marketing en redes sociales para incrementar mi "following", o para convertirme en Influencer. No es que este en contra de estos sistemas, o que piense que son incorrectos. Pienso que todas las posibilidades existen para como seres humanos experimentar distintas vivencias y aprendizajes. Por ejemplo, para difundir eventos y cursos he utilizado promociones y otros sistemas para llegar a más personas, pero ese es un tema aparte, se trata de una parte esencial del negocio. Como persona (no como negocio), para mí las redes sociales tienen una función distinta.


El motivo por el cual me he resistido tanto tiempo, y digo resistido porque muchas veces me he sentido tentada a decir sí, es porque he explorado con consciencia cual es mi verdadero propósito al utilizar mis cuentas y perfiles. A pesar de que, en la mayor parte de los casos, utilizo fotos de "mí misma" haciendo posturas de yoga (lo cual puede ser una necesidad narcisista de exposición y aceptación), cada vez que comparto una foto o un vídeo, hay una necesidad de expresar una realización, un cuestionamiento o una experiencia personal, por medio de la cual intento invitar a otros a cuestionarse, y a tomar consciencia o inspirarse.


A pesar de que incontables veces he visto a mi ego regocijarse en "likes", aumento de seguidores, o comentarios de aprobación, siempre que me encuentro en esa nube de fantasía me traigo de regreso y me recuerdo a mí misma mi propósito. No me censuro por el disfrute, a pesar de todo, es humano sentirse tentado y glorificado por momentos de pseudo-fama.


No creo que juzgarme resuelva la situación de mi ego bailando en su salsa, pues este ego es un compañero que estará aquí por muchos años más, al menos los que queden en esta vida. Pero también recuerdo que cuanto más me identifico con la falsa idea de mí misma- o mi ego glorificado en su pseudo fama- menos transformación interna y mayor distancia con mi verdadera esencia habrá. Es claro que me interesa comunicar y compartir mis pensamientos y realizaciones personales, mis experiencias y mis perspectivas de vida en el camino de Yoga, pero me interesa compartirlo a quienes naturalmente se acercan a mí (por medio de redes sociales en este caso).



Patanjali en su legado de 196 aforismos, Los Yoga Sutras, nos regala el concepto de Satya, que puede traducirse como "honestidad", "veracidad" o "transparencia". Muchas veces pasamos por alto la profundidad de este concepto, limitándolo a un simple "no mentir". Pero Satya es una idea mucho más trascendente. Implica auto-conocimiento, implica comprender nuestros patrones de conducta y pensamiento, nuestros ideales, sueños y convicciones, así como nuestras ideas limitadas del mundo. Sólo de esta forma podemos entonces separar lo que somos, de lo que se nos ha sido impuesto, separar lo que creemos con consciencia de lo que está almacenado en nuestro subconsciente. Así, empieza entonces el camino de aprender a ser consecuentes, verdaderos y honestos.

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