Renaciendo desde el agua


Durante la mayor parte del mes de noviembre, Brian y yo nos permitimos detener nuestras revoluciones, o al menos desacelerarlas. Este largo paréntesis me permitió ver mi vida desde una perspectiva totalmente distinta y reconocer aspectos de mí misma en planos emocionales así como patrones mentales y de conducta, que dentro del día a día no me era posible ver con tanto detalle.

Las realizaciones que experimenté son un poco difíciles de explicar, como todo lo que sucede más allá del reino de la mente racional, pero algunas de ellas pueden ser descritas por medio de las palabras, y aún mejor, por medio de las imágenes.

Durante este espacio de tiempo, pude ver claramente una cadena de acontecimientos en mi vida que me condujo a desconectarme de la naturaleza a un nivel que ahora veo como alarmante, pero que fueron necesarias para generar el aprendizaje que mi ser debía atravesar. Octubre fue un mes de transformaciones profundas y dolorosas, y como todo renacimiento lleno de resistencias e incomodidades. Pero a la vez fue el preámbulo para la cumbre desde donde me derribé y no tuve otra opción que volverme a armar.

El renacer vino acompañado de viajes mágicos a rincones majestuosos de Costa Rica, en donde pude no sólo volver a conectarme con la naturaleza externa, sino también con su reflejo en mí, con mi intuición y mi capacidad de ver belleza y de sorprenderme con las cosas simples de la tierra. Me permití integrarme plenamente con el barro y las rocas, trascender el miedo a lo que no conozco y la resistencia al vacío. Fue un viaje de curación por medio del agua.

El viaje empezó con el retiro que guiamos en Macaw Lodge, el paraíso de las aves, y una joya para la práctica integral de yoga y cualquier otra disciplina que busque la vida sencilla, pura y verdadera. En el transcurso del programa visitamos la catarata de Bijagual y la de Macaw Lodge, aquí comenzó el camino de curación con el agua. Continuamos nuestra ruta hacia Montezuma, a donde visitamos la catarata Los Chorros, en Playa Coquitos, y por supuesto, las playas de Montezuma. Más agua y aventura en nuestro equipaje de memorias, más sanación acuífera para nuestras raíces.

Nuestra siguiente parada fue en The Sanctuary at Two Rivers, en Cabuya, un rincón escondido y mágico de belleza cristalina, rodeado de agua en todas las direcciones. Otro rincón hermoso donde el solo despertar con el sonido del agua, es ya en sí mismo una experiencia mística. Los ríos y cataratas susurraron sin cesar sus canciones medicina, y entre las lianas y ramas se escondían y bailaban las hadas y los duendes.