Caminando una nueva vida

Actualizado: jun 12

Elu nació el 12 de mayo a las 7:46 pm. Desde su llegada no ha parado de enseñarnos a soltar, a rendirnos, a confiar en el plan divino.



Elu Kai puede traducirse como Océano lleno de Gracia. Elu (de origen Zuni, nativo americano) significa “lleno de gracia”, y Kai (de origen Hawaiano) significa “océano”.

Los planes de parto en casa y en agua fueron sólo un mapa que nos permitió descubrir una dimensión hasta entonces desconocida sobre el gestar, el parir y el maternar. El Universo tenía planeada otra ruta. Hoy aún estoy recuperándome no sólo de la herida física de una cesárea de emergencia sino de los cortes energéticos que trae consigo, abrazando las enseñanzas y agradecida porque a pesar de todo esta opción estaba disponible para mi así como todos quienes la facilitaron, haciendo posible que Elu pudiese llegar a este mundo, “al otro lado de la piel” como dice la canción.

Los primeros días nos tuvieron entre hospitales, doctores y noches en vela... sin saber muy bien en que dirección movernos para navegar la tormenta... y pronto llegó la calma.


Después de una primera semana muy intensa, estresante y traumática, empecé a experimentar el fluir natural de la maternidad, sostenida por mi maravilloso compañero de vida, Brian, quien ha sido el ancla de la familia en estos días, mientras nos dejamos llevar por la mareas donde no hay control de nada.




Nuestras almas escogieron este nacimiento, porque había una lección, una enseñanza de humildad y de compasión. Era parte de nuestro dharma aprender de esta experiencia.


Elu llegó a enseñarnos tanto... a mostrarme las facetas más profundas de mi propio nacimiento, a quemar los juicios y sentencias más radicales y enfrentarme a mis miedos más ocultos, a sanarme como humana, como hija y como madre.


Elu me trajo el regalo del presente, del amor inefable, de la paciencia absoluta, del confiar y soltarlo todo: los roles e imágenes de mi misma, las necesidades egoicas, las imágenes preconcebidas de quién soy o debo ser, de lo que está correcto, de lo que es importante.

En este presente no existe mi espacio personal para rituales sagrados, al menos no de la forma que conocía , no hay espacio para la disciplina y la rutina en la práctica de Asana, Prānāyama, mantra, meditación, o para crear canciones, escribir poesía, danzar estáticamente abrir espacio sagrado cada día e invocar a las medicinas sutiles con mi tambor. En este presente Elu es mi práctica espiritual, mi maestro, mi chamán, mi creación, mi ritual.


Maternar no es una actividad más que agregar al calendario, no es sólo un rol... maternar es una entrega absoluta, una devoción plena.

Mi momento favorito es cuando después de una larga sesión de pecho, nuestros ojos se encuentran, y los suyos, entre despiertos y soñando, me cuentan de un gozo y así, entre palabras no vocalizadas y miradas de amor, se cierran sus ojos mientras una sonrisa se asoma entre su rostro.


Mi vida entera ha girado alrededor del movimiento, la danza, el yoga postural. Ahora, después de este corte tan profundo que viene con dos meses de recuperación en inmovilidad, entro en este nuevo fluir donde he encontrado algunos momentos para moverme muy suavemente, aprendiendo a usar un origen distinto del centro, un centro de control distinto del abdomen. Los tejidos conectivos (tendones) de mis 4 capas de músculos abdominales fueros cortados para poder separar los músculos. Este corte afecta al cuerpo entero tanto estructural como mecánicamente. Ahora, estoy aprendiendo desde un nuevo cuerpo y abriéndome a la oportunidad de un entendimiento nuevo del mismo.


Lo más difícil no es hacer una práctica de movimiento o de Āsana suave, al contrario, durante la práctica es fácil mantener la consciencia de los motores del movimiento, lo más difícil es recordar en el día a día que mi cuerpo aún está sanando. Rara vez nos movemos en nuestro día a día pensando desde donde nos estamos moviendo o que grupos musculares estamos usando como motor del movimiento, en actividades tan sencillas como abrir una gaveta, inclinarse hacia adelante, desde donde extiendo mi brazo para alcanzar algo hacia el lado, desde donde me levanto de la cama... Desprogramar el hábito de moverme desde el core después de tantos años ha sido un reto muy grande para mi, lo cual me ha costado numerosos momentos de dolor durante el periodo postparto.


La recuperación física de una cesárea es lenta, pero la recuperación emocional lo es aún más. Me siento infinitamente agradecida por el telar de soporte que me ha abrazado en este proceso y me comprime el corazón en pensar en la cantidad de amigas que han experimentado un parto o una cesárea y no he estado ahí para ellas.


La gestación, el parto, la lactancia y la maternidad es algo de lo que se habla muy poco. No nos educan para entenderlo, mucho menos para sentirlo o desarrollar un gramo de compasión o empatía hacia otras mujeres. Solo sucede una vez que lo vivimos. Vivimos aún en una sociedad paternalista y castradora de la sexualidad (en especial la femenina) y todas sus aristas. Es nuestra responsabilidad comunicar, abrir las ventanas, educar... y a la vez mantener a nuestro corazón libre de juicio, pues es solo desde el amor que se puede despertar.


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